por Ringa Star
Las rebajas se acabaron, de los mojitos en la playa ni me acuerdo y el verano poco a poco llega a su fin. Recuerdo lo que lloraba el día antes de empezar el cole (hasta C.O.U.)y lo que odiaba los anuncios de El corte Inglés anunciando “La vuelta al cole” durante los meses de julio y agosto (nunca entendí lo que era un “corticole”). Era un suplicio ir a probarme el uniforme (falda, camisa y jersey) a finales de agosto con un calor horrible, pero como no llegué a dar el estirón, gracias a Dios, esto no pasaba cada año…
Empezabas llevando babi para no mancharte con las témperas y plastilina, durante la adolescencia te tocaba aguantar con frecuencia el sermón de alguna profesora desesperada por la dudosa longitud de la falda o por llevar la camisa por fuera. Llegó la universidad y los “juernes” formaban parte de tu scheadule. En esa época tenías fuerza para salir jueves, viernes y sábado y el domingo McDonald´s con amigos para comentar lo acontecido durante un fantástico fin de semana.
Cada septiembre empezamos de nuevo a organizar nuestra rutina, a programar el despertador, a enfrentarnos a un Outlook petado de e-mails, a dar brillo a nuestras gafas “de cerca”, a reuniones y a viajes de negocios por obligación y de placer si nos da de sí la VISA. Del mismo modo que nosotros arrancamos, empiezan las estúpidas colecciones de kiosco, como las de abanicos, dedales, el álbum de cromos de los nuevos fichajes futboleros, etc. Las tiendas tienen sus escaparates repletos de prendas de abrigos y gorros de lana que te hacen recordar los churretes de sudor antes de entrar en el mar para darte un chapuzón, ya no te entorpece el paseo las sillas y mesas metálicas de las terracitas de Madrid, por la mañana empieza a hacer fresco y por la noche “tiras de sábana” después de unos meses durmiendo a pierna suelta. No te queda más remedio que comerte las uñas pensando en que te queda un año entero para volver a disfrutar de tus merecidos días off.
También es época de reencontrarte con tus amigos que no has visto desde julio, (a no ser que no hayas ido a Ibiza o Marbella, of course). Las inauguraciones de discotecas se suceden, y a menudo en una de estas fiestas te reencuentras con el “summer-love” de turno. Estamos de buen humor, con carita descansada y con un moreno que favorece a cualquiera, tratando de lucir pierna hidratada y pedicura de colores hasta que las medias se apoderen de nosotras.
De pronto te das cuenta que tienes ganas de que empiece el otoño, que echas de menos los atascos matinales, al plasta de tu compañero y sobretodo de volver a Musee como hiciste desde noviembre del 2010.